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El arte, una forma comprometida de decir... | Por María Belén Zannier | planoazul.com | abgrund - ANDRÉS WAISSMAN | museo emilio caraffa | córdoba, argentina.
Imagen: Andrés Waissman (Buenos Aires, Argentina).
El arte como compromiso y política

Para Andrés Waissman, la relación con las artes visuales comenzó de pequeño, cuando lo lúdico y lo artístico aún no se diferenciaban claramente en su más tierna infancia. Es así que desde sus primeros años de vida ya se dedicaba a dibujar en el piso de mármol blanco de su casa con carbón usado o pintaba con témpera en los azulejos del baño. Su familia fue su principal fuente de inspiración y motivación. “Mi tía, la hermana de mi madre, estaba casada con Roberto Cachete González, un genial dibujante, era del grupo de Martínez Howard y Carlos Alonso, entre otros. Verlo trabajar y ver su obra me cargaba de imágenes. Después, a los 11 años, otra tía me llevó al taller de Osvaldo Romberg y desde entonces nunca paré. Hice mi primera muestra en la galería Lirolay a los 17 años, donde presenté la serie de Los Mutilados. Pero seguí estudiando con diferentes artistas y viajando a Europa en dos oportunidades. Continúo incursionando, experimentando, evolucionando”, señaló Andrés Waissman.

En la vida de Andrés, el ser un artista visual estuvo muy ligado y determinado por aspectos relacionados con sucesos y sentimientos más bien negativos. “De muy chico padecí asma y psoriasis, y a veces tenía que dormir sentado. Veía imágenes en las ventanas y así fui llegando a la pintura y al grabado, que abandoné finalmente por la pintura. Siempre necesité un papel en las manos. Hoy trabajo varios formatos. Pero mi relación continúa en los ámbitos de lo fantasmagórico, del miedo a que se repita lo peor. A partir de una película de los horrores de la Segunda Guerra Mundial que vi a los 14 años, se selló la que es mi primera preocupación en la obra: no hacer un discurso obvio y narrativo, sino seguir mi necesidad fundamental de decir. El arte no es para mí una descarga emocional, sino pasional e intelectual, alimentada tanto por la literatura y el cine como por la vida de todos los días. Entonces lo que me guía es una idea, imágenes, una profundísima vocación, aunque esta palabra pueda parecer hoy, un vocablo en desuso”, detalló.

Sobre su predilección por una rama artística, Andrés señala como su principal compañera a la pintura e hizo diversas apreciaciones sobre su etapa artística actual en la que la experimentación y la innovación dicen presente. “Estoy trabajando con esmalte sintético, con mucha carga de materia y transparencias. La manera de pintar en este caso es rápida, esencial, espontánea, porque la idea o el punto de partida está claro y el resultado es parte del azar controlado en la realización de estos trabajos. El papel me interesó siempre, intervengo hojas de libros. Tengo, entre otros, uno trabajado a partir de una vieja publicación de malas reproducciones de Courbet en el que transformo a los personajes, provoco otras situaciones, y ese proceso es únicamente en blanco y negro. Últimamente hago animales poco identificables, en tres dimensiones, figuras más bien desgarradas, las hago con yeso dental, que es algo más durable. Estos animales surgen paralelamente a las pinturas en blanco/negro y a las piezas hechas con viruta. Desde no hace mucho comencé a relacionarlas directamente y en un solo trabajo, en este caso en una instalación, con los animales, a los que me gusta nombrar como mitológicos, con jaulas que hacen alusión a construcciones ruinosas, y a la viruta cosiendo todo esto”, afirma Andrés.

Destaca también que en sus últimas muestras hay presente una trama conceptual en diferentes formatos y soportes, aunque siempre en blanco y negro. La espontaneidad es el punto de partida y evidencia de ello es la elección de ciertos elementos empleados. “En el manejo de ciertos materiales como la viruta se da mediante un encuentro tan simple como decir que vi a mis Multitudes en esas pequeñas líneas filosas de acero, una peregrinación constante de figuras en movimiento. No busco ex profeso materiales poco utilizados para aparecer con algo nuevo, se da por casualidad”.

Al momento de indagar sobre los referentes que influyeron en su obra. Andrés señala que es imposible resumir a todos, pero destaca como movilizadores ciertas obras propias del cine y de algunos reconocidos autores de la literatura argentina, entre otros. En este sentido, resalta las películas de Bergman (Fanny and Alexander, Muerte en Venecia, de Visconti) y algunos cuentos de Ballard, Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. También habló sobre sus preferencias en cuanto a lo pictórico. “Por mi formación inicial como pintor, las técnicas de los clásicos me resultan deliciosas y la pintura de principios del Siglo XX, de los metafísicos italianos, Balthus, Bacon y los expresionistas americanos. Me gusta pensar en su heroísmo, en su valentía, como la tuvo aquí el Búlgaro, y en sus respectivos momentos el Greco o Goya. En cuanto a los teóricos, creo que algunos hacen su aporte afirmando ciertos conceptos o corrientes, algunos son perspicaces, innovadores, pero prefiero no nombrar a ninguno porque las listas, como siempre sucede, tienden a ser injustas e incompletas. El arte contemporáneo tiene muchas lecturas posibles, incluso las hay banales, pero el campo del arte visual –como sucede con la música- es muchas veces un terreno que requiere formación, rigurosidad y una escritura que sea legible. Creo además que primero se descubre a un artista o a un grupo de artistas y es ahí cuando los teóricos y curadores más que críticos, se alientan para escribir y ampliar”.

El concepto de riesgo en el arte…

Para Andrés el concepto de riesgo se encuentra en el hecho de querer ser contemporáneo sin las armas necesarias, sin ver, sin darse cuenta en qué mundo vivimos y bajo qué condiciones, en tanto que define al arte más que como una obra específica como una actitud ante el mundo. “¿Quién podría decirse, si no fuese audaz, que es contemporáneo? Prefiero pensar el arte como una actitud, como una forma de expandir el conocimiento y no tanto como una forma de producción. ¿Qué pasa si en lugar de preguntarnos qué es el arte contemporáneo como un todo, nos metemos en temáticas contemporáneas, en deseos y ansiedades de nuestra época, y profundizamos en cuáles son las nuevas nociones de belleza y límites de la experiencia? Es un término que a veces esconde la ignorancia del pasado y de la contemporaneidad de ciertos artistas del pasado. Hay quienes creen que el arte en cualquiera de sus expresiones necesita de la inserción de ciertos tics, una forma muy actual de condescendencia. En música por ejemplo, Beethoven sigue siendo estudiado, interpretado y admirado, ahora para llegar a ese nivel se necesita cierto orden, cumplir ciertos pasos en el aprendizaje, hay mucho que hacer para llegar a ser Beethoven. En todo caso, parecería ser más claro el proceso en la música o en la literatura, cuanto más se escribe y se madura mejor se escribe”.

Agrega también que hoy hay tantas posibilidades y tantos campos abiertos y explorables, con muchos soportes y formatos. No obstante, en relación al tema el proceso es siempre el mismo, hay que explorarlo, hay que conocerlo, hay que investigar e ir a fondo. “No me siento anclado en ninguna generación y de hecho es una taxonomía que no me resulta muy feliz, aunque existan coincidencias, pero exactamente ocurren porque vivimos y vemos el mismo mundo. Escuché decir que la pintura a veces parece vieja, pero creo que es menos por ser pintura y más porque el pintor vive en cualquier parte del pasado o se enganchó con escuelas de otro siglo y la imaginería de un tiempo sí es algo que fluye con la rapidez del tiempo”.

El circuito y sus experiencias

A Andrés le nutre el circuito del arte, considera a quienes lo enriquecen con sus proyectos, ideas o visiones políticas y estéticas del mundo. “Estoy rodeado de viejos y de jóvenes, y eso ayuda a ampliar mis puntos de vista. Los jóvenes me parecen frescos, tanto que a veces pueden ser fácilmente engañados. Hoy el mercado inventa a un artista joven y lo muestran hasta el hartazgo, propio y del artista. A veces parecería que no se tiene más remedio que repetirse para seguir en el juego y teniendo el potencial para llegar mucho más lejos queda frenado. La audacia está en querer crecer y conocer siempre más: ese un apetito joven que no he perdido”.

Sobre el circuito de Buenos Aires y su ubicación en el contexto internacional, este artista afirma que la escena local es local donde sucede. “Hay que pelear por hacer del arte en Argentina una realidad caleidoscópica y multilocal. Trabajar se trabaja en cualquier parte y en cada lugar hay un circuito por el que se circula. Yo suelo circular en Buenos Aires. Después está también un modo global de entender y mirar lo que ocurre en las ciudades cosmopolitas, como Berlín o Nueva York, donde las cosas pasan porque están allí, como es el caso del circuito de los coleccionistas o los espacios de exhibición más grandes. Pero girar por el mundo es parte de esta historia y de esta época. El problema es creer que el único proyecto posible sea morder la zanahoria y entonces a quienes no llegan al mordiscón sólo les queda el fracaso… El desgaste que produce ese tipo de carrera impide en casi todos los casos poder hacer foco en la exploración, la investigación y la gestación de la obra. En los circuitos internacionales la lucha y la competencia se da a otra escala, el afecto no es primordial, no existen ya grupos estéticamente ligados, aunque en muchos lugares se exploren las posibilidades de la tecnología, de la Geometría o de las instalaciones. Cada uno trabaja en lo suyo y no se depende tanto de la pertenencia a un grupo. Los contactos y la necesidad son iguales en todas partes, y la lucha por un espacio también”.

Andrés también realizó una crítica constructiva al circuito artístico nacional: “Hay un importante estatismo en varios museos nacionales que parecen no ver cuál debiera ser la dinámica necesaria. Esto ocurre debido al desinterés de la política por la cultura en general. A su vez, los premios nacionales están desprestigiados por el amiguismo en la decisión de los jurados, premios a los que envían sus obras aquellos que intuyen la posibilidad de ganar. Hay una des-jerarquización de esos reconocimientos y de los espacios oficiales manejados como cotos de caza. Todo se puede cambiar, pero hay que saber decir No, así no. Hay también que ocuparse para que nuestra obra no sea tratada como del Tercer Mundo, sin ningún seguro, sin cuidados en los traslados, sin responsabilidad”.

Arte, política e ideología

Con respecto al compromiso político e ideológico que asume el artista frente a su obra, Andrés sentencia: “Mi obra siempre fue política, todos somos hombres políticos, desde Los Mutilados hasta ahora, recorriendo el mundo de Las Multitudes, jugándose ellas la vida, luchando por espacios en donde puedan sobrevivir. La intemperie, la desolación, la capacidad autodestructiva del hombre, la impiedad. Pero nunca he dejado de pensar, a la manera de un sociólogo, en ver a nuestro país, y aquí hago una pausa, como un país que tiene migraciones permanentes del norte y del sur hacia una ciudad capital indiferente y que parecería devorárselos. Nuestra gente en busca de trabajo, cansada de las arbitrariedades y de los arrebatos. De la politiquería y sus prebendas. No hago panfletos con mis trabajos, pego gritos, llamo, tengo una responsabilidad, la he asumido desde muy joven. Nunca fui arribista ni dejé de trabajar en mi más valiosa manera de decir, que ha sido dentro de las artes visuales. El artista tiene una responsabilidad y es ver su mundo, conocer su pasado desde el presente es más rico que más desalentador. No hay presente sin pasado, lo innovador no excluye, no puede ser excluyente, hay que dominar el lenguaje y seguir diciendo. Pero no se elige, esto lo elige a uno. Pero los artistas tenemos diferentes visiones, maneras de enfrentarnos con nuestro humor, nuestros miedos, nuestras posibilidades y nuestro vértigo, nadie tiene recetas, todos dejamos y vamos marcando nuestra huella. Los valores de un artista son difíciles de cerrar. Queremos algunos llegarles a todos, abrir nuestra estética a la mayor cantidad de gente posible. Pero también es cierto que hay prioridades, aunque yo crea que el arte es lo único que queda y que dibuja las realidades de todos los tiempos. Esas prioridades no son debates sobre cultura, son debate en la calle, en la gente. Nuestros debates son para un público que parece acercarse al arte más como algo misterioso, pero a veces se piensa en el arte como objeto redituable, por eso se mide el interés de la gente por la cantidad que va a una feria. Pareciera que el arte se acabó en el Impresionismo y la literatura que nos habla de personajes extraños y que se cortan la oreja. Esa mirada es eso, interés en lo mediático, no compromiso. Los debates y las aperturas de temas que tengan que ver con cualquiera de las expresiones del arte parecen interesarles a unos pocos, falta gestión. Nuestro mundo de imágenes pasa de largo porque no hay capacidad de mirada. La mirada está puesta en los carteles de sueños: de autos y celulares posibles, aunque para muchos no lo sean. Estamos invadidos de imágenes, pero de muchas imágenes que distorsionan realidades. La capacidad de crear existe, pero lo imperativo, que es sobrevivir, a veces hace que perdamos lo esencial por la distracción ocasional. Por eso se trata no solamente de tener un don, sino de saber administrarlo”, finalizó este destacado artista.


Por Lic. María Belén Zannier
De la Redacción de Plano Azul
Jul - Ago de 2014 - Cba. Arg.
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