Pensamientos
y acción de Marta Traba en las Bienales de Córdoba
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Historia
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:: Argentina |
 |
Por María Cristina Rocca 2
Historiadora del Arte
Docente e investigadora
Escuela de Artes
Facultad de Filosofía y Humanidades
Universidad Nacional de Córdoba
La obra crítica de la argentina-colombiana
Marta Traba (1930-1983), tan extensa como polémica,
ha sido fundante para una concepción global del arte
latinoamericano moderno. Su impacto sobre la producción
y, en especial, sobre la circulación y recepción
del arte latinoamericano, puede rastrearse a lo largo de los
años sesenta y setenta.
Aún cuando la acción distanciadora del tiempo
y de la historia, traiga aparejados cuestionamientos sobre
alugnos aspectos del pensamiento o de la acción de
Traba, sus condiciones personales siguen siendo fascinantes.
Valentía, coherencia intelectual, capacidad de trabajo
y una exquisita vocación para la escritura, la llevaron
a incursionar no sólo en la crítica y la Historia
del Arte, si no también, con el éxito, en el
campo literario 3
y en el televisivo.4
Su alta conciencia y conocimiento del momento histórico
y así como su convencimiento de poder incidir en la
realidad, le permitieron fundar importantes espacios para
el arte, como el Museo de Arte Moderno de Bogotá, mas
allá de que su crítica apasionada fuera causante
de exclusiones que hoy son revisadas.5
Viajera incansable, participó
activamente en las exposiciones más importantes de
la época, -como curadora, jurado, crítica-,
o en universidades latino y norteamericanas, como profesora
invitada a dictar seminarios y cursos. Entre esos viajes se
cuenta el que hizo a Córdoba, en 1964, con motivo de
la II Bienal Americana de Arte.
Este artículo tiene como objetivo registrar la participación
de Marta Traba en las Bienales de Córdoba: ¿Cómo
fue el paso de Marta Traba por Córdoba?; ¿qué
opiniones emitió sobre las Bienales?; ¿a qué
artistas apoyó en ese momento?; ¿en qué
discusiones participó?; ¿qué significado
y coherencia tuvieron las acciones de Traba dentro de su propio
pensamiento y en relación a otras posturas críticas?
Estas son algunas de las preguntas planteadas para constribuir
a una ampliación del recorrido profesional de Traba,
pero también a través del seguimiento de sus
pasos, hacer un sondeo de las tensiónes existentes
en el campo artístico latinoamericano en un espacio
acotado y representativo como el de las Bienales.
Para tal efecto se ha hecho una revisión bibliohemerográfica,
atendiendo especialmente al material disperso en diarios y
revistas, catálogos de las Bienales, los comentarios
de su célebre libro Dos Décadas Vulnerables
en las Artes Plásticas Latinoamericanas. 1950-1970,
el antecedentes de éste, Arte Latinoamericano Actual
y el imprescindible Marta Traba. Selección de
textos del Museo de Arte Moderno de Bogotá. Además,
se ha revisado el Archivo Especial de Industrias Kaiser Argentina
y del Museo Provincial de Bellas Artes "Emilio Caraffa".
Las Bienales de Córdoba
Las Bienales Americanas de Arte tuvieron un fuerte
impacto regional por su convocatoria estrictamente latinoamericana,
a diferencia de las de sus modelos, Venecia y San Pablo, de
convocatorias unviersales. Eso las hacía especialmente
atractivas para los paises de América latina, en un
momento en el que se compartían optimismos desarrollistas
y esperanzas de una cultura más influyente y participativa.
Para el interior de la Argentina se volvieron inolvidables
y míticas, y mucho más para Córdoba,
donde se encuentra como resultado palpable de ese ciclo, la
Coleccíon Industrias Kaiser Argentina, compuesta
con la mayor parte de las obras premiadas. Las Bienales fueron
simultáneas a la existencia del mítico Instituto
Di Tella, aunque con marcadas diferencias naturaleza y alcances
artísticos.6
El patrocinio estuvo a cargo de la empresa
automotriz Industrias Kaiser Argentina (IKA, en adelante),
de capitales mixtos y fuerte perfil norteamericano, acentada
en el cinturón insdustrial de la ciudad. La organización
general, exhibición, giras y colección dependieron
casi absolutamente de la empresa que, a través de su
oficina de Relaciones Públicas, canalizó las
políticas culturales norteamericanas en épocas
de la guerra fría.7
Las Bienales fueron la culminación de un proyecto más
amplio que ensayó, de manera progresiva, la aceptación
y alcances del patrocinio de IKA, a partir de la convocatoria
de Salones de arte, primero locales y luego regionales. Todo
el proceso de hizo gracias a la disposición general
de una sociedad ávida de modernizarse industrial y
culturalmente. Esta disposición provocó la participación
no sólo de la empresa, si no de artistas de Córdoba,
gobiernos locales, nacionales, la Universidad con su Escuela
de Artes y un público emergente.
Visto el éxito de lo Salones IKA desde 1958 y de la
I Bienal en 1962, se convocó a la Segunda en 1964,
ampliando la participación a diez países. Además
de Argentina, Brasil, Uruguay y Chile, ya presentes en la
Primera, se sumaron Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay,
Perú y Venezuela. El reglamento de la II Bienal permitía
la participación de hasta doce pintores, elegidos por
un Comité de Selección propuesto desde cada
país. El monto de los premios era de los más
importantes de la época y en esta ciudad oportunidad,
se amplió el número de premios con las participaciones
del Estado y otras empresas, aunque en esos casos las obras
no eran adquiribles. El reglamento fijaba la fecha de la II
Bienal para la primavera del 64, en el Pabellón Argentina
de la Ciudad Universitaria, a diferencia de la Primera, cuya
sede había sido el Museo Provincial de Bellas Artes
“Emilio Caraffa”.
Al
igual que el Jurado de la Primera, cuyo presidente fue nada
menos que Herbert Read, la II Bienal tuvo un prestigioso y
conocido presidente europeo: el crítico italiano Umbro
Apollonio, director de la Sede Permanente y del Archivo Histórico
de Arte Contemporáneo de la Bienal de Venecia y director
de la revista La Biennale di Venecia. Sin embargo, hubo una
diferencia significativa en el número de jurado cosa
que, mas adelante, traería fuertes disputas para acordar
la premiación. El de la II Bienal no tuvo seis, si
no doce miembros, propuestos por cada país y elegidos
cuidadosamente por su destacada trayectoria: Marta Traba (Colombia),
Oscar Cerruto (Bolivia) Geraldo Ferraz (Brasil), Antonio Romera
(Chile; había sido jurado en la Primera), Carlos Rodriguez
(Ecuador), Josefina Plá (Paraguay), Juan Manuel Ugarte
Elespuru (Perú, jurado en el V Salón IKA), Luís
García Prado (Uruguay), Inocente Palacios (Venezuela),
Aldo Pelegrini (Argentina; jurado en el V Salón IKA)
y José Gómez Cicre por la Organización
de Estados Unidos (OEA).
El comisario
general de la muestra fue Ernesto Farina, pintor y docente
de la Escuela de Artes de la Universidad, en reemplazo de
Pedro Pont Vergés, también artista y docente
de la Escuela. Hay que agregar que las Bienales, sobre todo
a partir de la Segunda, constaban no sólo de la exposición
principal de pintura si no de otras actividades anexas y complementarias,
llamadas “actos paralelos”, propuestos y organizados
por numerosas personalidades e instituciones.8
Las
Bienales en el pensamiento crítico de Marta Traba
Los comentarios
de Traba en su libro Dos décadas vulnerables…
dan cuenta de la importancia que ella otorga a las Bienales
de Córdoba, citada junto a otras exhibiciones: El arte
latinoamericano en París (1962): Arte latinoamericano
desde la independencia (Yale, 1965) y la Exposición
Latinoamericana de Dibujo y Grabado (Caracas, 1967): “Cito
especialmente a la II Bienal Americana de Arte realizada en
Córdoba, Argentina, en 1964, no sólo porque
la seguí personalmente sino porque marca el
apogeo de la exposición de la pintura“.9
Ese apogeo
de la exposición de pintura tenía que ver
con lo que ella consideraba parte de la resistencia frente
a la estética del deterioro, promovida desde la tecnología
ideológica norteamericana: “La tecnología
hábilmente convertida en ideología por quienes
la necesitan manejar como instrumento de poder, ha penetrado
la sociedad de consumo y la ha atomizado…”.10
Según Traba, las consecuencias de esa acción
podían verse en el arte, al cual se había reducido
ligándolo a la dinámica del consumo. “La
cuestión consiste en no durar y en no establecer pauta
alguna”.11
Desde otra
concepción, casi opuesta, la misma exposición
era comentada por Jorge Romero Brest, con displicente actitud
frente a lo que él considera tradicional:
Los
doce pintores argentinos que van a exponer sus obras en esta
Bienal de Córdoba, pertenecen, con más o menos
derecho según el caso, a la vanguardia moderada de
nuestra pintura, audaces y precavidos a la par de invenciones
de las formas, respetando definitiva las posibilidades impuestas
por la tradición de pintar.12
Con este
comentario, el director del Instituto Di Tella, no obviaba
una velada comparación con lo que en ese momento se
proponía en Buenos Aires. Precisamente donde Marta
Traba encontraba ejemplos de snobismo y de la estética
del deterioro, sin evitar la oportunidad de confrontar explícitamente
en su ex maestro.
Mientras
tanto, la empresa patrocinante había optado por la
pintura precisamente por lo que para Romer Brest era un problema:
la tradición. Para los industriales frente al público
emergente destinatario de sus acciones, la tradición
plástica hacía de la pintura la más prestigiosa
de las disciplinas artísticas y ese era, precisamente,
el capital simbólico que interesaba asociar al propio
prestigio industrial.
El Jurado
de Selección de Colombia estaba integrado por Marta
Traba, Jaime Duarte French, Luis Angel Rengifo, Mireya Zadwsky,
Ramón de Zubiría. Marta Traba de Zalamea era
en ese momento Directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá,
al que Christian Sorenson, director de Relaciones Publicas
del IKA, en su informe del viaje de invitación que
realizó a Colombia, unos meses antes, consideró
“núcleo de la actividad de la pintura contemporánea”.13
Ese Comité
logró que la Bienal aceptara catorce artistas colombianos
en vez de doce como estaba establecido, haciendo de su delegación
la más numerosa en exhibición. Fernando Botero,
Enrique Grau, Alberto Gutiérrez, Manuel Hernández,
Alvaro Herrán, Luciano Jaramillo, David Manssur, Maria
Teresa Negreiros, Alejandro Obregón, Augusto Rivera,
Juan Antonio Roda, Guillermo Wiedeman, Lucy Tejada y Nirma
Zárate (14). En un corto, pero significativo espacio,
Traba presentaba a su delegación en el marco de una
crítica contundente e inconfundible:
…
las artes plásticas colombianas forman un conjunto
de impresionante coherencia en un país de actos sueltos,
de gestores gratuitos, de culturas provinciales raquíticas,
de problemas que aúllan por sus prelaciones, desamparo
de la inteligencia, de contradicciones profundas, como es
Colombia.15
Continuaba
más adelante reafirmando una idea que ampliaba el espacio
para la plástica dentro de la cultura nacional, -y
que ya había hecho pública en 1961, con ocasión
del XIII Salón Anual de Artistas Colombianos-16)
“La pintura contemporánea…
parece haber adivinado las tumultuosas esencias colombianas
con mayor lucidez que los escritores en prosa y que
los poetas”. De inmediato pasaba a fundamentar
la elección de los artistas presentes en la Bienal.
Traían obras mayoritariamente abstraccionistas, a las
que Traba atribuía potencia y posibilidades de construcción
de una pintura propiamente latinoamericana, alejadas de tanto
de la estética del deterioro como de la figuración
al estilo mexicano:
Un
desorden –desorden barroco y anheloso- domina toda pintura
que participa en la Bienal. Se traduce en la desmesura del
espacio (Obregón), o de las formas (Botero y Grau),
o del color (Roda, Gutiérrez) o de la materia (Rivera)
o de los elementos (Negreiros, Wiedeman). Inclusive cuando
parece más serena (Zárate, Hernández)
se resuelven e momentos románticos y lo sensible gana
abiertamente la batalla con lo racional.17
El próximo
problema abordado sería otra de sus preocupaciones
constantes: la formación de un público cada
vez más participativo, para el cual en sus textos encontramos,
con frecuencia, exhortaciones directas como las que aparecen
también en esta oportunidad:
Con
esta información sobre la actitud general de la moderna
pintura colombiana intento que el público no vea la
participación en la Bienal como un formalismo más
ni como un despliegue de técnicas que se asimilan sin
dificultad a la corriente más vasta del arte universal
de hoy, si no como una pintura temperamental, siempre más
espontánea que premeditada, siempre más pasional
que rigurosa.18
En la repetición
de los conceptos sobre el carácter de la pintura colombiana,
Traba apostaba a un reconocimiento y aceptación del
público sobre el carácter del arte continente,
sus propias marcas y temperamento, muchas veces ignorado o
soslayado por una crítica convencida de la menor valía
de estas manifestaciones periféricas, desordenadas
y a destiempo, comparadas con las centrales que, por supuesto,
estaban en París o Nueva Cork. En este sentido contrario,
traba veía en estas “alteraciones” un valor
de especificidad inconfundible y la tranquilidad de que los
artistas latinoamericanos no se adaptan a las normas establecidas
desde las señales del mundo domesticado por la tecnología
ideológica.19 “Si
el público no pierda la vista este planteo, hallará
en las obras un principio de estilo y no repeticiones mecánicas,
más o menos afortunadas, de un lenguaje general”.
Un lenguaje general que se convertía en una
obsesiva búsqueda para Traba: “la sociedad de
consumo es incapaz de crear algo diferente a “la señal”
de cualquier ruta [por lo que se ah producido] una pérdida
del código general”.20
La señal es unidireccional a indiscutible, el lenguaje,
multidireccional y abierto a la creación. Los artistas,
y junto con ellos los críticos comprometidos con la
resistencia, hacían afanosos ensayos a partir de sus
obras, para religarse a un público con el cual se habían
perdido los contactos.
Entretelones
de una premiación conflictiva
Los patrocinadores
de la Bienal, siguiendo estrategias publicitarias de impacto,
tenían como método anunciar gran cantidad de
eventos, los máximos que se podían imaginar
con algún asidero cierto, y después perdía
importancia si las cosas daban en menor escala o no se daban.
Así, entre otros muchos eventos se anunció un
“simposio internacional sobre arte americano”
que se daría durante seis días en la sede de
la Bienal. Tal simposio, si se realizó, no quedó
registrado ni en la prensa ni en los archivos de la empresa.
Lo que si hubo fueron jornadas de discusión de los
premios pero no públicas. Sin embargo, circularon velozmente
numerosos corrillos sobre negociaciones y alianzas para la
premiación y de eso se hizo eco la prensa en varias
oportunidades.
Tres
días antes de la inauguración Primera Plana
había pronosticado que “la vertiginosa imagen
del mundo que es una Bienal” se desplegaría como
“la tersa eficiencia de la máquina perfecta”.
(21) Sin embargo, la
exaltada profecía de la revista dejó de cumplirse
en un aspecto que, siendo fundamental, en nada se parecía
a una máquina. En efecto, el jurado deliberó
acaloradamente desde el 18 de septiembre hasta las tres de
la mañana del 24 de septiembre. Unas horas antes, ya
se habia acordado comunicar el ganador del Gran II Premio
Bienal: Jesús Soto, de Venezuela, que, por lo mismo
se hizo acreedor del Premio Gobierno de Córdoba
al Mejor Pintor Extranjero. Las obras de Soto, Un
Blue, 15 noire y Ecriture noire et argentee,
enviadas desde París, contaban con el premio Brigth
de la última Bienal de Venecia (considerado el más
importante después del Primero en esa Bienal de 1964).
Soto y sus obras cinéticas canalizaban una manera de
pensar, de estudiar el movimiento real y de hacer arte, que
podría equipararse a la manera de pensar y hacer del
racionalismo técnico y de la seriación de la
industria. Así como estas obras cinéticas demandaban
la participación del público y proveían
de una justificación social del arte, la empresa encontraba
justificación a su importancia como productora de objetos
culturales, como quería ser considerada, en la disputa
por la vanguardia social:
Hoy
muchos pensadores consideran al arte contemporáneo
como una resultante directa de nuestra civilización
técnico industrial-
…………………..
Es que la industria tiene una misión compleja en la
sociedad contemporánea y debe ser cumplida con pasión.
Con ahínco. No hacemos solamente mecenazgo. Construimos
juntos. Y juntos también hacemos cultura.22
No hay
mucha necesidad de imaginación para saber que Marta
Traba disentía de este Gran Premio, sobre todo por
las significaciones sociales de la obra, en tanto podía
leerse como la adaptación a la tecnología ideológica.
Incluso al año siguiente establecería en Venezuela
una polémica de gran envergadura sobre el significado
de algunas tendencias, entre ellas el cinetismo en América
Latina. 23 “Soto
y Cruz Diez siguen el camino europeo de la autofidelidad y
el neutralismo terco, asexuado y experimental de las “búsquedas
visuales”, grupo al cual enriquecen con obras técnicamente
impecables” 24.
Pero Traba
no se quedaría en la mera oposición: El
Primer Premio fue para Alejandro Obregón a quien
ella consideraba “el comienzo de la pintura moderna”
en Colombia 25. Un
magnífico Torocondor 26
está en la Colección IKA gracias a sus juicios
visionarios.
Por los comentarios de la prensa no se esperaba esta premiación:
“Obregón vino corriendo de atrás y casi
da el batacazo”…27
Mayor fue la sorpresa del hecho de que entre los premiados
no hubiera ningún argentino. Como cortes comprensión
Inocente Palacios, jurado de Venezuela, dono un Premio
Arte Contemporáneo de América que se otorgó
a Clorindo Testa por sus Anotaciones del Machu Pichu
28, lo que automáticamente
lo hizo acreedor del Premio Gobierno de Córdoba
al Mejor Pintor Argentino, vacante hasta ese momento.
El 2do.
Premio adquisición fue adjudicado a Agustín
Alamán de Uruguay por su Diálogo, obra
informalista de grueso empaste. El tercer premio adquisición
fue para Alfredo Da Silva de Bolivia por Espíritu
de la tierra, obra abstracta donde la expansión
de cada mancha está limitada por una retícula
que sostiene y articula la composición, aliviada en
su rigidez por una modulación de color. El 4to. Premio
Adquisición se otorgó a Eduardo Viteri de Ecuador
por Composición en azul, manchas entre las
que se vislumbran arquetipos arqueológicos. Correspondió
al 5to. Premio Adquisición a Enrique Galdós
Rivas de Perú por su Gráfico en gris I,
obra abstracta de notorio sentido compositivo y color que
revela equilibrio, profundidad y lirismo. Hubo además
otros premios no adquiribles, como el galardón instituido
por el Ministerio de Relaciones Exteriores, llamado Amistad
artística americana que correspondió a
Nery Wega por su obra abstracta (de la que no se registra
el nombre): Rodolfo Opazo de Chile ganó con La reina
de las playas, de figuración característica
del autor con reminiscencias surrealistas, el premio Dirección
Nacional de Cultura y el premio Municipalidad de
Córdoba se otorgo a Olga Blinder del Paraguay,
por sus Mujeres con una figuración al estilo
mexicano. Como se ve, había en la premiación
una mayoría de obras abstractas, poniendo en evidencia
la importancia de la producción latinoamericana dentro
de esa tendencia.
Seis días
de deliberación suscitaron la mas diversas críticas,
porque la adjudicación de un premio para cada país
participante hizo suponer que en el jurado hubo trabajosos
acuerdos y negociaciones. Muestra de las tensiones suscitadas
se comprueban en comentarios periodísticos como este:
Rodeado
de una precisa organización y del silencioso rencor
de algunos argentinos, Umbro Apollonio – deportivo,
cabello corto, camisa abierta- discurrió con su delicado
italiano por la muestra: “Fue muy difícil otorgar
los premios… pero se analizo todo exhaustivamente y
creo que fuimos justos. No hubo predilecciones: creo que el
conjunto de Jesús Soto es lo mejor que se vio”.29
A pesar
de esta opinión trascendieron fuertes discrepancias,
por ejemplo: “El Jurado uruguayo Luis García
Pardo, respaldado por Eduardo, Bolivia y – según
algunas versiones alarmantes- Brasil, habría encabezado
un “golpe” para otorgar el máximo lauro
al sugestivo Alamán”.30
Más tarde, Traba cuestionaría también
a la delegación del Uruguayo, esta vez por la selección;
“…detrás, por desgracia, de las maravillas
de Fígari, Uruguay se presenta con tres pintores olvidables,
aunque logran graciosos efectos decorativos como Giancarlo
Puppo y Gamarra”.31
Clarín registró los desacuerdos de
la siguiente manera:
Se
mantiene el desconcierto creado por la distribución
de los Premios, a los que se atribuyen si no una parcialidad,
una carencia de criterio ordenador. Efectivamente las obras
premiadas no responden a la calidad selectiva que debía
haber imperado, y contribuye además a ello el hecho
de que no se haya querido dar a conocer la forma de la votación.
Es decir, que no se conoce cual es la opinión de los
miembros del Jurado para dar a conocer sus propósitos.32
Efectivamente,
ni el criterio ordenador ni la opinión de los jurados
fue dada a conocer. Quizás para intentar una explicación,
un diario de Montevideo recurrió a la comparación
de los presidentes de los jurados de esta Bienal con la Primera,
en desmedro de Apollonio, a través de la exaltación
de Herbert Read: “Su gravitación postergó
todos los intereses que no fuesen exclusivamente aquellos
de la pintura. No ocurrió lo mismo en esta oportunidad”.33
Los comentarios
receptaban las tensiones existentes en el campo artístico
y las luchas internas de los críticos mostraban el
nivel de una confrontación apasionada y desbordante
del límite de lo discreto, al estilo de Traba, seguramente
posicionada en algún epicentro de esta polémica:
“Tengo espíritu de lucha, porque nada en América
puede hacerse sino peleando… No me gusta luchar. Me
toca hacerlo, porque siento que es mi deber…”34
¿Qué
se jugaba allí? ¿Porqué estas controversias
tan detonadas? ¿Cuál era el peso simbólico
de lo que allí se dirimía? Sólo si se
tiene en cuenta complejidad del momento y las certezas que
esa etapa de la modernidad ponía en juego, con la modernización
industrial en el contexto del desarrollismo, por un lado,
y por el otro, la idea de construir una cultura que encauzara
realmente un espíritu moderno, lo que estaba en pugna
eran distintos proyectos de modernización cultural
en América Latina. Se trataba de ideas de cultura,
y con ellas las de arte, y de dirimir la sustentación
de la vanguardia social que ganara la voluntad de un público
emergente en una geopolítica conflictiva, Se avizoraban
tiempos nuevos y distintos y también plausibles de
ser construidos y modificados por acción directa de
los agentes sociales. Marta Traba participaba activamente
de esta esperanza y luchaba denodadamente por un “arte
de resistencia” desde el papel que ella atribuía
a la crítica:
La
crítica de la cultura invadida no puede desestimar
esta circunstancia, trabajando en un campo exclusivamente
estético. Debe religar al artista y al público
sobre el vacío cultural preexistente y afrontar el
esfuerzo extracrítico, casi sociológico y político,
de comprender e interpretar, ya que no valores, al menos temperamentos,
esencias y comportamientos particulares que pueden ser de
alguna forma puestos en evidencia por las obras de los artistas.
35
Las Bienales
brindaban un escenario internacional de una trascendencia
poco conocida hasta entonces en América latina y se
presentaban como una oportunidad a gran escala para poner
sobre el tapete y al alcance del público lo que Traba
consideraba auténtico, que no fuera figurativo
al estilo mexicano ni tecnológico al estilo de los
cinéticos. Un arte polisémico en el que la ambigüedad
de las formas y sus sentidos suscitara en el espectador libertades
que él no sospecha, que mostrara especificidades capaces
de construir una cultura en función de los propios
intereses, un arte que no se deslumbra frente a las señales
del norte cuyas intenciones de domesticar el arte latinoamericano
eran evidentes. Frente al arte como forma de impactación
Traba oponía un arte como forma de conocimiento. Frente
a la señal parcializada, emitida por la tecnología
ideológica con “el triple permiso –el de
divertir, el de liberar, el de destruir”36,
buscaba un arte que no perdiera la visión totalizadora
y compleja de la propia cultura.
Marta
Traba en la Escuela de Artes
La cantidad
de actos paralelos, que acompañaron y complementaron
la exposición principal, hacía de la ciiudad
un verdadero hervidero de actividades culturales. Así
que para Traba resultó insoslayable la visita al Salón
de Honor de la Bienal dedicado al Gran Premio Bienal anterior,
es decir, a Raquel Corner, o la exposición dedicada
a maestros latinoamericanos, que en esta oportunidad correspondió
a Pedro Figari (en la anterior había estado Cándido
Portinari). Sin salir de la Ciudad Universitaria, todavía
había otras exposiciones, por lo que no es de extrañarse
que la Escuela de Artes de la Universidad invitara a Marta
Traba a ser Jurado de Premiación del I Salón
Latinoamericano de Grabado Universitario. Este Salón
contó con el concurso de grabadores de ocho instituciones
de superiores de Argentina y una por Brasil, Colombia, Chile,
México, y Perú, respectivamente, con un total
de 530 obras. El pintor, docente y comisario de la I Bienal,
Pedro Pont Vergés junto con el director de la Escuela,
Raúl Bulgheroni, y otros docentes de la Institución
organizaron la muestra.37
Marta Traba aceptó ser jurado de premiación
de este Salón. Tanto el grabado como el dibujo, considerados
como artes menores hasta entonces, empezaban a ser para Traba,
la posibilidad de encontrar códigos comunes con el
público.38 La
crítica compartió esta oportunidad con otros
miembros del jurado de la Bienal como Antonio Romera (Chile),
Juan Manuel Ugarte Elespuru (Perú), Inocente Palacios
(Venezuela) y Emilio Ellena (Argentina). Los premios se repartieron
así: Premio Acquarone a Jorge Guidassi (Brasil), Premio
Salón Latinoamericano de Grabado de Estudiantes (beca)
a Natasha Moreno (Chile) Premio y Medalla de Oro instituido
por Galería Rubbers a José Carrillo (México),
Mención de Honor a Francisco Becerra (Brasil), Mención
de Honor a Chile como mejor conjunto por país.
Además,
Traba participó como espectadora de los múltiples
eventos que se desarrollan en todos los ámbitos culturales
del centro de la ciudad, entre otros, visitó la exposición
del entonces dibujante mendocino Carlos Alonso, en la galería
Feldman:
[El dibujo de Alonso] “Alcanza una sobrecogedora
violencia. Alude, define, bosqueja, aclara, mancha, colorea,
delimita, por vías múltiples converge siempre
al mismo punto, no sólo denuncia el infierno, sino
poner en tela de juicio el paraíso y el limbo”39
Muchas
veces más, Traba destacaría el potente dibujo
de Alonso, y lo pondría a la altura de la calidad de
José Luis Cuevas, el otro grande del dibujo latinoamericano.
Otro
escenario: la III Bienal
Para 1966,
el panorama geopolítico habia cambiado bastante y la
III Bienal se inauguró en medio de la resistencia estudiantil
frente a la dictadura de Juan Carlos Onganía. A pesar
de todo, las actividades programadas se desarrollaron sin
mayores contratiempos. En esta oportunidad, el Jurado de Premiación
fue encabezado por un norteamericano, Alfred Barr (Jr.), ex
Director del Museo de Arte Moderno de Nueva Cork y Director
de Colecciones del Museo. El resto del Jurado, muy reducido
con respecto a la II Bienal, estaba compuesto por Arnold Bode,
iniciador de la Documenta Kassel; Sam Hunter, Director del
Museo Judio de Nueva Cork, Raúl Villanueva, el arquitecto
más importante de Venezuela y poeta y crítico
argentino Aldo Pellegrini.
Marta Traba
esta vez sólo fue invitada como Jurado de Selección
de Colombia; compartió la tarea con Antonio Gutiérrez
y Martínez Sanabria. Algo de fuerza había perdido
porque los artistas eran manos: Pedro Alcántara Herrán,
Pablo Solano, Norman Mejía, Alejandro Obregón
y Bernardo Salcedo. Traba volvió a prologar al grupo,
pero se detuvo en la presentación de “Dos
artistas nuevos en Colombia”; Norman Mejía
y Bernardo Salcedo.
Pese al
esmero de Traba, los colombianos sólo se llevaron un
galardón de tono menor, El Premio Gobierno de Córdoba,
compartido entre Bernardo Salcedo y Federico Assler (Chile).
A los argentinos les fue mejor porque hubo un justificado
Primer Premio, otorgado a César Paternosto, pero indudablemente
los que tenían las de ganar en esta empresa eran los
cinéticos. Un controvertido Gran Premio Bienal fue
para Carlos Cruz Diez,40
cinético y venezolano.
Reflexiones
finales
Seguir
el recorrido corto pero intenso de Marta Traba por las Bienales
de Córdoba, pone de manifiesto las contradicciones
y debates de una época compleja y conflictiva por excelencia,
ya que las perspectivas de cambios profundos se avizoraban
en todos los campos: sociales, económicos, político
y cultural. Esos cambios, percibidos desde múltiples
intereses y lógicas específicas, parecían
depender de la voluntad de acción de los agentes sociales
sobre la realidad. En ese sentido, Traba había inventado
una manera de participar activamente en las contiendas culturales
que se dirimían. Esa manera estaba basada en una crítica
implacable de corte sociológico, partiendo del análisis
de la obra e infiriendo de ella los aportes que los artistas
resistentes hacían a la construcción
de un código general. Creyó en la posibilidad
de un arte auténtico (una palabra-clave de
la época) que permitiera definir, palpar y reconocer
el espacio propio. Marta Traba participo con ahínco
y vehemencia en la utópica fundación de un arte
latinoamericano. Las Bienales de Córdoba fueron una
gran oportunidad de desplegar el juego, hizo fuertes apuestas
públicas por este tipo de exposiciones, y festejó
la aparición del patrocinio privado, como forma de
abrir y sostener espacios nuevos para la confrontación
artística. Sin embargo, fiel a la crítica, y
a la autocrítica, no se quedó anclada en esa
posición: un poco más tarde, atenta al acontecer
sociopolítico, al principio de la década del
´70, Traba haría un “juicio de las
Bienales”:
Cuando
se produjeron los primeros boicots a la bienal de Sao Paulo
por parte de los artistas que se negaban a participar mientras
Brasil fuera gobernado por una dictadura sangrienta, que había
desmantelado la Universidad y torturado a la oposición,
se comprendió por primera vez, en toda su profundidad,
el sofisma de distracción de las bienales.41
Traba construyó
un modelo de lectura de la realidad repensando y resemantizando
autores contemporáneos de los más diversos campos.
Creó polos claros, alternativas viables para la cultura
y se esforzó en formar un público moderno capaz
de dialogar con obras modernas. Es cierto que en su opción
hubo excluidos, pero en todo caso, tampoco hubo crítica
contemporánea capaz de cuestionar esas exclusiones.
Traba asumió los riesgos de una conciencia crítica
de lo establecido y las certezas de su trabajo pasional, radicalizado
y necesario para abrir un topos inexistente para
el arte latinoamericano. Las Bienales Americanas de Arte,
más allá de los intereses extraartísticos
que participaron, contribuyeron a ampliar el espectro de posibilidad
de ese topos.
................................................
1
La mayor parte del presente artículo fue presentado
como ponencia, y publicado en CD, en las IX Jornadas Escuelas/
Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Córdoba,
en septiembre de 2003.
2 La publicación postmortem sobre
Marta Traba realizada por el Museo de Arte Moderno de Bogotá,
hace un recuento de su obra: 10 libros de ficción (poesías,
cuentos y novelas) entre los que se destacan Las ceremonias
del verano (Premio Casa de las Américas. Novela, 1966);
Los laberintos insolados (1967); Homérica Latina (1979);
Conversación al Sur (1981) sobre las Madres de Plaza
de Mayo, con traducción al sueco; y su última
novela En cualquier lugar (1984). En el campo de las artes
plásticas se calculan unos 1200 artículos y
notas en revistas especializadas, periódicos y catálogos,
23 libros de ensayos y varias participaciones en volúmenes
colectivos.
3 En Bogotá, 36 conferencias para
el Servicio Cultural de la Televisora Nacional, 1957-58; “El
arte moderno contado desde Bogotá”, 1983: 20
programas de media hora transmitidos por canal 7 en 1984,
y 38 comentarios semanales para Globo Televisión desde
Bogotá y París, 1983.
4 El Museo de Arte Moderno de Bogotá,
en 1997, organizó una gran exposición con obras
de 39 artistas no considerados por Marta Traba: Colombia en
el umbral de la Modernidad, curada por el crítico Alvaro
Medina, como una acción reivindicativa y ampliatoria
de la Historia del Arte latinoamericano. Ver “Apareció
la generación perdida” y Eduardo Arias “Lo
que Marta trabó” en El Tiempo. Sección
Cultura. Bogotá: 23/11/97. p. 9B.
5 Para un análisis comparativo del
Instituto Di Tella y las Bienales de Córdoba, desde
“estrategias de internacionalización” (capítulo
6), ver Giunta, Andrea. Vanguardia, internacionalismo y política.
Buenos Aires: Paidós, 2001.
6 El tema de las Bienales está tratado
en extenso en mi Tesis de Maestría en Arte Latinoamericano
(Universidad Nacional de Cuyo) titulada “Arte, ciudad,
utopías y guerra fría. Las Bienales Americanas
de Arte en la Córdoba de los sesenta”. También
se puede ver Rocca, Cristina y Panzetta, Ricardo “Bienales
de Córdoba: Arte, ciudad e ideologías”
en Estudios. Revista del Centro de Estudios Avanzados de la
Universidad Nacional de Córdoba, julio/diciembre, 1998.
No.10 p. 93-108 y Rocca, Cristina. “Las Bienales de
Córdoba como Illusio” en Huellas. Revista de
la Facultad de Artes y Diseño. No.2. Mendoza: Universidad
Nacional de Cuyo, Nov/2002. p.99-106.
7 El completísimo catálogo
de la II Bienal, -cuya tapa fue diseñada por el artista
argentino César Paternosto-, tiene un prólogo
del presidente de Perú, Fernando Belaúnde Terry
y presentación del presidente de IKA, James McCloud,
un curriculum vitae de los Jurados de Premiación; una
selección textos de presentación de las delegaciones
de cada país a cargo de un crítico, bajo el
título de “La pintura en Sudamérica”.
Luego aparecen las delegaciones por país, los jurados
de Selección y todos los artistas participantes con
una foto de su obra y pequeño resumen de sus recorridos.
Además figuran exposiciones programadas en paralelo
a la principal como Arte post abstracto del norte de California,
Pintores italianos (colección Acquarone); Primer Salón
de Estudiantes Universitarios de Arte; Pintores y Escultores
de Córdoba; Primer Salón Latinoamericano de
Grabado Universitario; Artesanía Popular Argentina;
Arte Indígena Peruano.
8 Marta Traba. Dos décadas vulnerables
en las artes plásticas latinoamericanas. 1950-1970.
México: Siglo XXI, 1973. p. 54. El subrayado es mío.
9 Ibid. p.4.
10 Ibid. p.5.
11 Catálogo de la II Bienal Americana
de Arte.
12 “Viajes de Promoción”.
II Bienal. [mayo/64]. Archivo Especial de Industrias Kaiser
Argentina (en adelante Archivo IKA).
13 Catálogo de la II Bienal Americana
de Arte.
14 Idem
15 Cfr. Cronología en Marta Traba.Selección
de textos. Bogotá: Museo de Arte Moderno/Planeta, 1984,
p.369
16 Catálogo de la II Bienal. El subrayado
es mío.
17 Idem.
18 Cfr. Traba, Marta. Dos décadas...op.cit.p.
4 y también en Arte Latinoamericano Actual. Caracas:
Ediciones de la Biblioteca. Universidad Central de Venezuela,
1972. p 7.
19 Idem
20 Primera Plana. Buenos Aires, 22/9/64.
en Boletín de la II Bienal. Archivo IKA.
21 James McCloud, presidente de IKA, en el
prólogo del catálogo de la III Bienal. El subrayado
es mío.
22 AAVV “Marta Traba. Tres días
de controversia”. Revista Nacional de Cultura. No. 171.
Caracas, 1965. p.5-43.
23 Traba, Marta. Arte Latinoamericano ...
op. cit. p.94.
24 Traba, Marta. Historia Abierta del Arte
Colombiano. Bogotá: Colcultura, 1984. p. 115-146. Este
libro es una reedición de la publicación del
Museo de Arte Moderno “La Tertulia”de Cali, 1974,
escrito en 1968.
25 La obra que efectivamente quedó
en la Colección IKA está titulada Torocóndor
pero en la Cronología de Marta Traba (ya citada) aparece
la obra ganadora como Fuga de Alcatraz. Desconozco las causas
de esta diferencia.
26 Todo. Buenos Aires, 1/10/64 en Boletín
de la Bienal. Archivo IKA.
27 La obra de Clorindo Testa está
en la Colección del Museo de Bellas Artes de Caracas,
donada en 1968 por quien aportó el dinero. Cfr. Catálogo
General Colección Pintura y Escultura Latinoamericana
del Museo citado. p.215.
28 Todo. 1/10/64 en Boletín No.5.
Archivo IKA.
29 Idem.
30 Traba, Marta. Dos Décadas...op.cit.
p. 54.
31 Clarín. Buenos Aires, 27/9/64 en
Boletín de la Bienal. Archivo IKA.
32 La Mañana.Montevideo, 4/10/64 en
Boletín de la Bienal. Archivo IKA.
33 Beatriz González “Entrevista
atemporal” en Marta Traba. op. cit. p. 338
34 Traba, Marta. Arte Latinomericano... op.
cit. p.57.
35 Idem.
36 Entrevista a Pedro Pont Vergés
en Córdoba, agosto /94. Repreguntado sobre Marta Traba,
recordó su presencia, pero también la imposibilidad
de mayores relaciones porque “estaba rodeada por los
directivos de la empresa” con los que Pont Vergés
estaba enfrentado. Su esposa, entonces estudiante de la Escuela
de Arte, la tapicista y museóloga, Ana Luque, recuerda
que en la sede de la institución hubo una reunión
en la que participó Traba y que el “ambiente
era muy sesentista”, es decir, informal. Comunicaciones
personales en Córdoba, julio/2000.
37 Ver aparte de Dos décadas... ,
“Pequeña Historia del Dibujo en Venezuela”
prólogo de catálogo. Caracas: Estudio Actual,
[1978], “Los Novísimos Colombianos”, prólogo
de catálogo. Caracas: Museo de Arte Contemporáneo,
1977. También Rocca, Cristina. Hacia una Teoría
del Dibujo. El caso venezolano. Mérida: Universidad
de Los Andes, 1992.
38 Traba, Marta. Arte Latinoamericano...op.cit.
p.90. Más atenta a las obras que a los artistas, como
buena francasteliana, en 1964 no se contactó con Carlos
Alonso. Lo haría más tarde, en España.
Comunicación personal del artista. Córdoba,
julio/2000
39 En esa oportunidad, Aldo Pellegrini, jurado
por Argentina, estaba tan ofuscado por la decisión
que se accidentó seriamente al salir del lugar donde
deliberaba el jurado y chocar contra un vidrio. Cfr. Primera
Plana. Buenos Aires, 25/10/66 en Prensa de la III Bienal.
Archivo IKA.
40 Traba, Marta. “Juicio a las Bienales”.
Imagen. No. 50. Caracas, 6-13 junio, 1972. p.14 . 2do cuerpo.
El subrayado es mío.
|
Bibliohemerografía
::
“Apareció la generación perdida”.
El Tiempo. Bogotá, 23/11/97. Sección
Cultura. p.9B
::
ARIAS,
Eduardo. “Lo que Marta trabó”.
El Tiempo. Bogotá, 23/11/97. Sección
Cultura. p.9B
::
AAVV.
“Marta Traba. Tres días de controversia”
en Revista Nacional de Cultura.No.171. Caracas,
1965. p. 5-43
::
BOURDIEU,
Pierre. Campo del poder y campo intelectual.
Buenos Aires: Folios Ediciones,
1983. y WACQUANT, Loic. Respuestas. Por una antropología
reflexiva. México: Grijalbo, 1995.
::
Catálogos
y Boletines de Prensa de las Bienales Americanas de
Arte. Córdoba: Industrias Kaiser Argentina.
1962, 1964, 1966. Archivo Especial de IKA.
::
Catálogo
General Colección Pintura y Escultura Latinoamericana
del Museo de Bellas Artes de
Caracas, 1979/1980.
::
GIUNTA,
Andrea. Vanguardia, internacionalismo y política.
Buenos Aires: Paidós, 2001.
::
Marta
Traba. Selección de textos. Bogotá:
Museo de Arte Moderno/ Planeta, 1984.
::
ROCCA,
Cristina. “Las Bienales de Córdoba como
Illusio” en Huellas. Revista
de la Facultad de Artes y Diseño. Universidad
Nacional de Cuyo, nov/2002. p. 99-106
::
Hacia
una Teoría del Dibujo. El caso venezolano.
Mérida: Universidad de Los Andes, 1992.
:: PANZETTA,
Ricardo. “Bienales de Córdoba: arte,
ciudad e ideologías” en Estudios. Revista
del Centro de Estudios Avanzados. Universidad Nacional
de Córdoba, 1998. p. 93-108.
:: TRABA, Marta. Dos Décadas
Vulnerables en las Artes Plásticas Latinoamericanas.1950-1970.
México: Siglo XXI Ed.,1973.
:: Arte
Latinoamericano Actual. Caracas: Universidad
Central de Venezuela, 1972.
:: Historia
abierta del arte colombiano. Bogotá: Colcultura,
1984.
:: “Juicio
a las Bienales” en Imagen. No. 30.
Caracas, 6-13 de junio, 1972. p.14. 2do. cuerpo.
:: “Pequeña
Historia del Dibujo en Venezuela”. Prólogo
de catálogo. Caracas: Estudio Actual, [1978].
:: “Los
Novísimos Colombianos”. Prólogo
de catálogo. Caracas: Museo de Arte Contemporáneo,
1977.
:: Entrevista
a Pedro Pont Vergés. Córdoba, agosto,
1994.
:: Comunicaciones
personales con Ana Luque y Carlos Alonso. Córdoba,
julio/2000.
|
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